Ninh Binh: remé con un tupper y casi naufrago

Todo empezó como un día cualquiera en Vietnam: llovía. Porque si no llueve, no es Vietnam. Me subí a un barquito de madera angosto en Ninh Binh para hacer un recorrido fluvial por la zona de Tam Coc, que es básicamente Halong Bay pero en tierra: el mismo tipo de formaciones de piedra caliza pero rodeadas de arrozales en lugar de mar. Igual de hermoso. Menos salado.

El barco lo maneja la mujer que te lo alquila. Ella rema con los pies. Literal. Tiene los remos sujetos de una manera que le permite impulsar el bote con movimientos de piernas mientras tiene las manos libres para no sé, tejer, mirarme con cara de resignación, o señalarme que me ponga el chubasquero.

En un momento de ingenuidad perfecta, le ofrecí remar yo un rato. Ella me miró con la paciencia que tiene alguien que ya vio pasar muchos turistas con ideas similares, y me pasó los remos.

El barco giró en círculos.

No avanzó. Solo giró. Primero hacia la derecha. Después hacia la izquierda, cuando quise corregir. Después hacia la derecha de vuelta. La mujer me miraba con una expresión que era difícil de clasificar: entre compasión y entretenimiento. Otros dos barcos que venían detrás tuvieron que esquivarnos. Yo sudando, los remos pesando el doble de lo que esperaba, y el barco con una lógica propia que no tenía nada que ver con lo que yo quería.

Después de cuatro minutos de ese circo acuático, le devolví los remos con una sonrisa que decía todo lo que no había que decir con palabras. Ella retomó el remo y en diez segundos el barco estaba derecho, avanzando suave, como si nada hubiera pasado.

Eso también es viajar: descubrir con humildad y humor todo lo que no sabés hacer.