Gunung Kawi: el templo que te entrena para el Himalaya

Alguien tendría que poner un aviso afuera del Gunung Kawi que diga: ‘Atención: esto es más que un templo. Esto es un entrenamiento físico con componente espiritual opcional’. Porque lo que no se menciona en ninguna guía es la cantidad de escalones que hay que bajar para llegar al sitio arqueológico y, peor, la cantidad que hay que subir para volver.

El Gunung Kawi está en Tampaksiring, a media hora de Ubud. En el siglo XI, alguien talló en la roca viva un conjunto de monumentos funerarios dedicados a la familia real balinesa. Hay diez nichos de dos metros tallados directamente en el acantilado, con relieves que los rodean, rodeados de jardines y canales de agua y musgo que lo cubre todo con esa pátina verde que te hace sentir que el tiempo ahí tiene otra velocidad.

Para llegar, bajás trescientos o cuatrocientos escalones —perdí la cuenta— entre arrozales y palmeras y gente que sube con cestas de mercado en la cabeza como si eso fuera lo más normal del mundo. El lugar, cuando llegás abajo, te deja sin palabras: los monumentos emergiendo de la roca con ese verde húmedo encima, el sonido del agua corriendo por los canales, el olor a tierra mojada.

Y después, claro, hay que volver a subir.

Las mismas escaleras. Solo que ahora hacia arriba. Con el calor de las once de la mañana que ya es serio. Con las piernas que ya usaron sus reservas en la bajada.

Llegué arriba jadeando, con la cara roja, las piernas en modo emergencia y el corazón agradecido. Porque sí, sobreviví. Y el paisaje que vi desde el primer escalón de vuelta valió cada uno de los que siguieron.