Fuerte Rojo: comer con la mano y limpiarse con la otra

El Fuerte Rojo de Delhi es exactamente lo que suena: un fuerte gigante hecho de arenisca roja que se extiende por casi dos kilómetros de muralla. Lo construyó Shah Jahan también, en el siglo XVII, y era la residencia principal de los emperadores mogoles. Hoy lo declararon Patrimonio de la Humanidad y lo visitan miles de personas por día, lo cual significa que la cola es larga y el tuk tuk que tomás para llegar te va a cobrar el doble si no negociás desde el principio.

Nosotras llegamos en lo que parecía una licuadora con ruedas: un tuk tuk verde y amarillo con el motor tan estruendoso que la conversación era básicamente imposible. El conductor esquivaba motos, bicicletas, vacas y peatones con una habilidad que ya la quisiera cualquier piloto de Fórmula 1. Llegamos vivas, lo cual en Delhi se celebra.

Adentro del fuerte hay jardines, pabellones con incrustaciones de mármol, y el famoso Diwan-i-Khas: la Sala de las Audiencias Privadas, donde el emperador recibía a sus invitados más importantes. En las paredes hay una inscripción en persa que dice algo así como: ‘Si hay paraíso en la tierra, es aquí, es aquí, es aquí’. Y mirando el techo pintado a mano con flores de colores que tienen siglos encima, entendés que alguien lo decía en serio.

Después de la visita, comimos en un local cercano donde el menú era thali: una bandeja circular con vasitos de metal llenos de distintas preparaciones. Dal, chana masala, arroz, raita, chapati, y una cosa naranja brillante que no supe identificar pero que estaba buenísima. Nos miramos con mi compañera de viaje y sin decir una palabra hicimos lo que hay que hacer en India: agarramos el chapati, lo usamos como cuchara, y comimos con la mano derecha como manda la tradición. Y limpiamos con la otra… que para eso estaba el agua.