Etapa 5, Markina → Gernika: personas y kilómetros

Una de las cosas que el Camino te da y que nadie menciona en las guías prácticas es la gente. Los compañeros de ruta que aparecen un día y desaparecen al siguiente porque caminan más rápido o más lento o se quedan un día más en algún pueblo. Y esos que se quedan.

En algún momento entre Markina y Gernika empecé a caminar junto a una señora francesa de setenta y dos años que caminaba su tercer Camino y que tenía la filosofía vital más directa que escuché en mucho tiempo: ‘Cada día un paso. Y al final llegás’. No como metáfora. Como descripción literal de lo que hacemos.

Caminamos juntas dos horas sin apuro, con el ritmo de quien ya no tiene nada que demostrar. Ella me habló de sus hijos, de su ciudad al sur de Francia, de cómo empezó a hacer el Camino después de que su marido murió. Yo le hablé de mis viajes en Asia, de la India, de ese feeling de que el mundo es mucho más grande y mucho más lleno de gente buena de lo que los noticieros dan a entender.

En el primer bar del día siguiente, nos sentamos a tomar un café y ella me miró y dijo, en un español con acento que hacía todo más bonito: ‘Vos tenés mucho que contar. Escribilo’.

Acá está, señora Marie. Lo escribí.

“El Camino no te da respuestas. Te hace las preguntas que no te animabas a hacerte sola. Y a veces, si tenés suerte, te manda a alguien que ya las contestó para que te diga que todo va a estar bien.”