Y en medio de toda esa locura hermosa, también hay momentos así:
Un rato sentada frente al lago Hoàn Kiếm, con esa calma que contrasta con todo lo que pasa unas horas después. Ese puente rojo que ves atrás, el puente Huc, es la entrada al templo Ngoc Son, un lugar sagrado en medio del agua verde. Ahí, en esa plaza enorme que de día parece dormida, de noche se transforma en pura vida.
Todo pasa alrededor de este lago. Como si fuera el corazón de Hanoi.

Equipaje inteligente para mujeres que se animan a recorrer Asia.

Hago un paréntesis

Recomendación personal

Antes de seguir con la historia: si querés resolver el alojamiento rápido (sin abrir veinte pestañas), esta es la opción que yo miraría primero. Bien ubicada y con muy buenas valoraciones.

Abrís el link, ponés tus fechas y mirás tranquilo. Alternativas filtradas · Reserva online

En una esquina del lago, me quedé mirando a este grupo de hombres jugando al “cờ tướng”, el ajedrez vietnamita. Ni miraban alrededor. Era como si el mundo se detuviera en ese tablero. Me fascinó cómo, en medio del caos, había este nivel de concentración tan profundo. Como si todo Hanoi también supiera cuándo hacer silencio.

¿Ves ese juego en el suelo? Se llama cờ tướng, y es como el ajedrez, pero jugado a la manera vietnamita.

Cada jugador tiene un montón de piezas redondas con letras raras (son caracteres chinos), y las ponen sobre las líneas del tablero, no dentro de los cuadritos como en el ajedrez que conocemos.

Hay un jefe que es como el rey —se llama general— y el objetivo es atrapar al general del otro equipo. También hay elefantes, caballitos, torres y unos cañones que saltan por encima de las piezas para atacar. ¡Es como una batalla en miniatura!

Lo más increíble es cómo todos alrededor se quedan calladitos mirando, como si fuera una final del mundo. A veces parece que todo Hanoi hace ruido, pero justo acá… hay silencio. Solo se escucha el clic de las fichas cuando alguien se anima a mover.

Y no sé cómo explicarlo… pero cuando vi a las chicas bailar ahí, en plena plaza de Hanoi, me quedé hipnotizada.
Bailaban con una alegría que te contagiaba, pero posta. No era por mostrarse ni por un video de TikTok (bueno, capaz también ), era porque les salía del alma.
Estaban felices. De verdad. Y no eran solo ellas: los grandes, los chicos, los abuelos… todos bailando, compartiendo, viviendo.


Me senté un rato a mirar y pensé: “esto es vivir con el cuerpo, no con la cabeza”.
Y yo ahí, con la sonrisa tonta, sin poder sacarles los ojos de encima. Porque a veces viajar es eso: ver que en otro rincón del mundo la felicidad se mueve diferente… pero se siente igual.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *