El pasaporte que desapareció: aventura en la comisaría de Delhi

No todos los viajes salen como uno espera. A veces el caos se disfraza de aventura y lo que parece un desastre termina siendo la anécdota que más veces contás en tu vida. El día que se perdió el pasaporte en Nueva Delhi fue exactamente eso.

Estábamos en la calle, caminando por el barrio de Paharganj, ese laberinto de callejuelas angostas llenas de tiendas de ropa, especias, instrumentos musicales y locales de internet que huelen a curry y a cables viejos. En un momento, mochila abierta, movimiento, y listo: el pasaporte no estaba.

Lo que siguió fue una serie de eventos que en el momento eran una mezcla de pánico y comedia y que ahora son puro material narrativo: el tuk tuk judicial (así lo llamamos después) que nos llevó de comisaría en comisaría porque ninguna quería tomar la denuncia de una extranjera sin hablar inglés. Los formularios en hindi que llenamos como pudimos. El policía que nos ofreció chai mientras esperábamos y que lo tomamos con una gratitud desproporcionada. El momento en que apareció un hombre de traje que hablaba perfecto español —¿por qué? nunca lo supimos— y nos explicó todo el proceso con una paciencia de santo.

Y el final feliz: el pasaporte apareció. Lo tenía el dueño del hotel, que lo había guardado ‘por seguridad’ sin avisarnos. Cosas de India.

“No todos los viajes salen como uno espera. A veces, el caos se disfraza de aventura y lo que parece un desastre, termina siendo una anécdota inolvidable con final feliz.”