El lago Hoàn Kiếm y el puente rojo: vida al ritmo del agua

En el corazón de Hanoi hay un lago. No es grande: podés rodearlo caminando en media hora. Pero tiene una energía que hace que nadie quiera irse. El Hoàn Kiếm —que significa ‘lago de la espada devuelta’— tiene una leyenda asociada sobre un rey que recibió una espada mágica de una tortuga sagrada y la devolvió al lago siglos después. La tortuga gigante que todavía dicen que vive ahí —aunque nadie la ve hace años— es el símbolo de la ciudad.

De madrugada, antes de que salga el sol, los viejos van a caminar alrededor del lago. Los grupos de mujeres de mediana edad bailan en formación con movimientos que mezclan tai chi con algo que parece coreografía de varieté: manos levantadas, pasos sincronizados, música a todo volumen desde un parlante que alguien conectó con un cable larguísimo. Es uno de los espectáculos más tiernos que vi en todos mis viajes.

En el lago hay una pequeña isla con un templo —el Ngọc Sơn— al que se llega por el Puente Huc: ese puente rojo curvado que es la postal más fotografiada de Hanoi. El rojo brillante contra el verde del agua y el verde de los árboles tiene algo que no necesita filtro. Es así, de fábrica, en todos los horarios. De noche, con reflejo en el lago, parece un sueño.

Un rato sentada frente al lago, mirando a los señores jugar ajedrez en el piso, escuchando el ruido amortiguado de la ciudad al fondo, el sol de la tarde dorado y ese ritmo lento que tiene la vida alrededor del agua… Eso también es Hanoi. No solo el caos: también ese instante quieto en el centro de todo.