Hoy me levanté motivada y dije: “Vamos a conocer la famosa Cueva del Tigre, ¿qué tan difícil puede ser?”.

JA. El universo me respondió con un cartel gigante que decía:

1.200 ESCALERAS.

Me quedé dos segundos en modo estatua. Después pensé: “Nadita, hiciste medio país caminando en el Camino de Santiago, dejá de hacerte la dramática”. Así que fui.

El templo de abajo: el primer cachetazo místico

Apenas entrás, el templo de abajo te envuelve. Es grande, dorado, lleno de humo de incienso y monjes que van y vienen. Yo, curiosa como siempre, me metí a mirar todo.

Y ahí, en el centro, veo un cofre de vidrio con reliquias de Buda. Yo pensé que era un adorno hasta que me acerqué y vi las estatuas alrededor.

Los Devas, unos guardianes que tienen más personalidad que muchos humanos:

  • El Guardián: con cara de “si no venís en paz, ni lo intentes”.
  • El Músico: ahí, tocando un instrumento como si la iluminación viniera con banda sonora.
  • El Mensajero: con postura de “yo te explico todo lo que Buda quiso decir, pero solo si no venís apurado”.
  • El Protector del Conocimiento: ese que te mira como diciendo “¿trajiste cuaderno o viniste a sacar selfies?”.

Cada uno cuidando las reliquias como si fueran los Avengers budistas. Fascinante.

Además, alrededor podés comprar de todo:

amuletos bendecidos, pulseritas, aceites sagrados, incienso, ventiladores para el drama del calor… y agua, porque saben perfectamente lo que se viene.

Hago un paréntesis

Recomendación personal

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La subida: el crossover entre Buda, crossfit y supervivencia

Salgo del templo, respiro hondo y digo: “Vamos”.

Primeros escalones: joya.

A los cien: bien.

A los cuatrocientos: ¿quién diseñó esto, un atleta olímpico?

A los setecientos: la baranda ya era mi mejor amiga.

A los mil: yo ya negociando con el universo.

Para completar el cuadro, empieza a llover.

Claro, la montaña decidió sumar efecto especial: “Modo resbaloso desbloqueado”.

Entre escalón y escalón aparecen monos que te miran como diciendo:

“¿Guardaste bien la comida, querida? Porque estamos viendo todo”.

La cima: el final se parece a una película

Cuando llego, empapada y con el ego temblando de orgullo, veo al gran Buda dorado.

No importa que estuviera nublado: ¡el Buda igual brillaba como si tuviera iluminación LED propia!

Y atrás, una vista que aunque las nubes no dejaban ver del todo, igual se sentía gigante.

La ciudad, las montañas karst, la jungla… todo ahí, abajo tuyo. Fue uno de esos momentos donde decís:

“Bueno, valió cada escalón. Y cada insulto mental”.

Recomendación Nadita Style

Si venís a Krabi, no te la pierdas. Es dura, sí. ¿Vas a transpirar hasta el alma? Sí.

¿Vas a llegar arriba sintiendo que sos invencible?

También.

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