Bali no es solo playas y masajes. Aunque las playas son increíbles y los masajes son baratos y te dejan como nueva, Bali es mucho más que eso. Es una isla que tiene su propia versión del hinduismo —el balinés, diferente al indio— que impregna cada aspecto de la vida diaria: las ofrendas de flores y incienso que los vecinos ponen en la vereda cada mañana, las ceremonias que cortan el tránsito porque la procesión pasa, los templos que aparecen en cada esquina, en cada arrozal, en la orilla de cada playa.
Bali es un mundo paralelo donde los dioses, los monos y el arroz conviven como si fuera lo más normal del planeta. Y cuando estás ahí el tiempo suficiente, empieza a parecerte normal también. Que es exactamente el efecto que Bali busca.