Chiang Rai está a tres horas de Chiang Mai y mucha gente la saltea. Error.
El Wat Rong Khun —el Templo Blanco— es una obra de arte contemporáneo disfrazada de templo budista. Lo diseñó un artista tailandés llamado Chalermchai Kositpipat a fines de los noventa y todavía está en construcción porque la visión del artista va creciendo. Es completamente blanco con incrustaciones de vidrio espejo que bajo el sol crean un efecto de luz que hace que el edificio parezca hecho de hielo o de plata viva. Para entrar hay que cruzar un puente sobre un estanque donde emergen manos desde el borde, como pidiendo ayuda: representan las almas en el infierno, los deseos mundanos que retienen a la gente lejos de la iluminación.
Adentro, en la sala de oraciones, el techo tiene murales que mezclan lo sagrado con lo pop: al lado de imágenes budistas tradicionales hay figuras de Predator, de Superman, de los Power Rangers. El artista dice que representa la lucha entre el bien y el mal en la cultura contemporánea. Salís de ahí pensando en varias cosas al mismo tiempo.
El Baan Dam —Templo Negro o Casa Negra— es lo opuesto en tono y en energía: construido en madera oscura, decorado con cuernos y pieles y cráneos de animales, tiene algo de inquietante y de hermoso al mismo tiempo. Es la visión de otro artista, Thawan Duchanee, sobre la oscuridad y la muerte. Los dos templos juntos en el mismo día son una conversación entre extremos que te deja pensando mucho después de que apagás la luz para dormir.