Laos: templos, budas y el río más lento del mundo

Laos es el secreto mejor guardado del sudeste asiático. No tiene la fama de Tailandia ni el carisma ruidoso de Vietnam, y quizás por eso la gente que llega se lleva una sorpresa tan grande. Porque Laos no te grita sus maravillas. Las susurra. Y si uno llega con prisa y con el teléfono en la mano, se los pierde todos.

Yo llegué a Luang Prabang después de un viaje en bus que era básicamente una película de suspenso por caminos de montaña donde el precipicio quedaba a medio metro de la rueda. Llegué al amanecer, con el cuerpo roto y el alma todavía en el bus. Y la ciudad, con sus calles flanqueadas de árboles enormes, sus templos dorados y su silencio casi imposible para ser una ciudad con turistas, me fue recibiendo de a poco, como alguien que sabe que no hay que apurarte.