Hola. Soy Nadia. Y si llegaste hasta acá, o me seguís hace rato, o alguien te recomendó este blog diciéndote: ‘leé esto, te vas a reír, te vas a emocionar y de paso te van a entrar ganas de agarrar una mochila y salir’.
Las dos opciones me gustan.
Este blog no es una guía de viaje. Hay miles de guías de viaje. Están bien escritas, tienen mapas, coordenadas, listas de restaurantes y frases útiles en idiomas que nunca vas a recordar cuando más los necesitás.
Este blog es otra cosa.
Es lo que yo viví. Con mis palabras, con mis miedos, con mis carcajadas y con ese estilo tan mío de meterme en quilombos donde nadie más se mete y después tener que salir con dignidad —o sin ella, que también pasa.
Vas a leer sobre India y el olor que tiene Delhi en un martes cualquiera. Sobre Vietnam y el arte de cruzar una calle cuando querés seguir viva. Sobre Laos y los templos que te hablan en silencio si sabés escuchar. Sobre Bali y la mafia de monos de Ubud que casi me deja sin celular. Sobre el Camino del Norte donde mis rodillas se convirtieron en las protagonistas de la historia. Sobre todo eso y más.
¿Mi único pedido? Que mientras leas, te imagines que estás ahí. Porque te juro que si cerrás los ojos y prestás atención, vas a oler el incienso de Varanasi, vas a escuchar las bocinas de Hanoi y vas a sentir el viento del Cantábrico pegándote en la cara en plena subida.
“No busco fotos perfectas ni historias idealizadas. Quiero que veas la verdadera aventura, esa llena de risas, caídas, y un montón de momentos que nadie te enseña a manejar pero que igual te transforman.”
¡Arrancamos!